Este reportaje, escrito por Martin Fletcher, fue publicado en el website de “The Times Online” el 9 de Noviembre, 2007. Es una excelente introducción al drama de los Chagosianos.
Casi cuatro décadas han transcurrido pero Dervillie Permal recuerda claramente aquel verano de 1971 cuando el Gobierno Británico lo expulsó de las Islas Chagos, ese idilio tropical en el corazón del Océano Índico, que era su hogar.
Ahora, con 73 años, su rostro se transfigura de angustia al recordar –en su idioma criollo- cómo justo acababa de salir de trabajar en la plantación de coco, cuando soldados armados lo detuvieron, le dijeron que debía marcharse inmediatamente, y lo escoltaron hasta un barco donde fue empacado junto con los demás isleños, en medio de una atmósfera de llanto. Ni siquiera se le permitió una visita final a su hogar. Sólo tenía permiso de llevar las pertenencias con que cargaba en ese momento. Su perro y su ganado, fueron exterminados.
Una semana más tarde, el barco “Nordvaer” dejaba su maltratada carga humana a 1,200 millas, en Port Louis, la capital de Mauricio, una colonia Británica por esa época. Allí se reencontró con su esposa Marie Aimee, quien había viajado a Port Louis para un tratamiento médico con sus dos hijos, dos años antes, y a quien se le había impedido regresar al idílico archipiélago.
Los isleños – en su mayoría analfabetas, sin profesión, y sin dinero – no tuvieron ningún tipo de apoyo para instalarse. Vivían en chozas con piso de tierra, en los tugurios de la ciudad. El Sr. Permal apenas ganaba para comer, descargando arroz de los barcos. La Sra. Permal conseguía algunos centavos extra cosiendo ropa. Criaron siete hijos. El año pasado, Hengride su hija, los llevó a vivir en su aislada casa de 3 habitaciones - ocupada por diez Chagosianos- en las afueras de Crawley, un pueblo de paso en Sussex.
La Familia Permal es el polo opuesto a la mayoría de inmigrantes a Inglaterra.
Quieren regresar a su tierra, pero el Gobierno no se los permite. Nunca han parado de soñar con sus islas coralinas cubiertas de palmeras. Sus esperanzas se vieron aún más disminuídas esta semana cuando el Gobierno –sigilosamente- lanzó otra arremetida en la batalla legal para prevenir el regreso de los isleños.
Lo hizo a pesar de tres fallos unánimes seguidos, por parte de la Corte, en favor de los Chagosianos en los pasados siete años, los pedidos de parlamentarios de todos los partidos y de la censura general a una política que está, en términos del más reciente fallo de la Corte, negando a los isleños “una de las libertades más fundamentales para los seres humanos”. A medida que el proceso legal se alarga, los Chagosianos van muriendo. De cerca de 2000 expulsados de las islas a finales de los 60s y principios de los 70s, apenas 700 aún viven, de acuerdo a Olivier Bancoult, el líder de los exiliados, quien perdió a su padre y a un hermano a causa de lo que los Chagosianos llaman “tristeza”, una hermana suya se suicidó y otros dos hermanos murieron en medio del alcoholismo.
La Sra. Permal le dijo al “Times”, a través de un intérprete: “El Gobierno Británico está jugando con nosotros hasta que muramos uno a uno y no quede nadie, y así puedan cerrar el caso sin muchos aspavientos.” Richard Gifford, el abogado de los isleños en Londres, dijo: “Ya he perdido la cuenta de los ancianos que conocí y que luego han muerto de tristeza por el hecho de no poder volver a ver su amada tierra.”
Los Permal y sus compatriotas son las víctimas típicas de la geopolítica: fueron exiliados debido a la Guerra Fría y ahora se les prohibe regresar debido a la Guerra al Terrorismo.
Su sufrimiento empezó en 1966 cuando los Estados Unidos buscaban una base militar en el Océano Índico para contrarrestar la amenaza Soviética. Se hizo un acuerdo secreto con el Gobierno de Harold Wilson – el arriendo por 50 años de Diego Garcia, la mayor de las islas, a cambio de un descuento en misiles nucleares Polaris. Una condición no negociable, era la remoción de la población indígena de la isla.
Documentos de la Oficina de Asuntos Internos e Internacionales del Reino Unido (Internal Foreign and Commonwealth Office - FCO), hechos públicos debido a la regla de los 30 años, revelan exactamente el cinismo del Gobierno para ejecutar dicha acción. Funcionarios describían a los isleños como “simples Tarzanes y Viernes [de la historia de Robinson Crusoe]” con “poca aptitud para algo diferente a cultivar cocos”. Escribieron que “no habrá población indígena a excepción de las gaviotas”, Acordaron que las deportaciones deberían “coordinarse de tal manera que se evitara llamar la atención”, pero que en caso de que el mundo supiera de esto, los isleños serían descritos como “contratistas migratorios” sin derecho a residencia – a pesar de que sus familias hubieran vivido allí por generaciones.
El Gobierno separó a las Islas Chagos de Mauricio, que se enfilaba hacia la independencia, y creó una nueva colonia – el Territorio Británico del Océano Índico. Procedió, violando los principios de las Naciones Unidas, a remover a los isleños con engaños, intimidación y fuerza, animándolos a hacer viajes y luego negándoles el derecho a regresar, cerrando las plantaciones y cancelando los barcos de suministro.
Algunos fueron llevados a las Seychelles. El resto fueron condenados a una vida de pobreza y desempleo en Mauricio. Muchos se refugiaron en el alcohol, las drogas y la prostitución. Algunos murieron de desnutrición. Muchos se suicidaron. Hicieron protestas y huelgas de hambre, que no sirvieron de casi nada. En 1982 el Gobierno les concedió a los exiliados una ínfima partida de 4 millones de libras – menos de 3,000 libras por cabeza – como compensación, siempre y cuando ellos renunciacen a su derecho a regresar.
Pocos podían leer los documentos que estaban firmando con huellas digitales. En el 2002, se les concedió ciudadanía Británica, a lo que se debe que ahora vivan en Crawley, el pueblo más cercano a Gatwick adonde llegaron inicialmente.
La batalla legal empezó en forma en 1998 y, en el 2000, Ellos lograron su primera victoria cuando la Corte Divisional decidió que las deportaciones habían sido ilegales y que “el celo Oficial al implemetar esas políticas de remoción fué más allá de cualquier límite apropiado”. El Gobierno no apeló y Robin Cook, Secretario de Asuntos Exteriores en ese momento, estuvo de acuerdo con que a los isleños se les debería permitir regresar a cualquiera de las islas con excepción de la isla Diego Garcia.
Luego ocurrió el 11 de Septiembre del 2001. La base militar en Diego Garcia –con sus bombarderos B52, aviones de vigilancia e instalaciones de apoyo- se tornó en una plataforma de lanzamiento vital para las guerras en Afganistán y en Irak. Es también donde los príncipales sospechosos de al-Qaeda están supuestamente detenidos e interrogados.
En el 2004 el Gobierno produjo –abruptamente- dos Órdenes en Concejo, permitiéndose saltar el Parlamento para negar la decisión de la corte. En el 2006 la Alta Corte decretó que esa maniobra del Gobierno era ilegal y “repugnante” y, en Mayo de ese año, la Corte de Apelaciones estuvo de acuerdo. Acusó al Gobierno de abuso de poder: “La libertad de regresar a la tierra de orígen, a pesar de cuán pobre y estériles sean las condiciones de vida, es una de las libertades más fundamentales conocidas por los seres humanos.”
Los Lords permitieron al Gobierno el derecho a apelar la semana pasada. Siempre y cuando este pague todos los costos sin importar la decisión final. Simpatizantes de los Chagosianos rogaron al Gobierno no prolongar la agonia de los isleños. En una carta al periódico “The Times”, un grupo de Ministros del Parlamento y sus colegas (de varios partidos) se refirieron al reciente discurso de Gordon Brown acerca de la libertad, y declararon: “Proceder con una apelación más implicará el malgastar más fondos públicos de parte del FCO, demorar el curso de la justicia para los Chagosianos, y exponer la palabras del Primer Ministro como vacías. Podríamos por favor, retornar al buen sentido, justicia y libertades Británicas?”. Sin embargo el Martes, cuando la atención estaba puesta en el discurso de la Reina, el Gobierno procesó su apelación.
Un portavoz del FCO dijo que el Gobierno estaba obligado por un tratado, a preservar las islas para las necesidades de Defensa de Inglaterra y Estados Unidos, citó un estudio comisionado por el Gobierno en el cual se sugiere que la reinstalación de los isleños no era técnicamente posible y argulló que la decisión de la corte ponía en evidencia asuntos de ley constitucional que podrían “afectar de manera negativa una administración efectiva de los territorios de ultramar”.
Los Chagosianos y sus simpatizantes expresaron que dicho estudio estaba manipulado y que no tenía sentido el sugerir que no podrían sobrevivir en islas donde sus ancestros vivieron por generaciones y donde 3000 personas entre civiles y militares actualmente viven muy bien. Ellos encargaron su propio estudio con una partida de £15,000 que les facilitó el Fondo “Joseph Rowntree Reform”. También argumentan que su retorno a islas que se encuentran a más de 150 millas de Diego Garcia, no puede implicar ningún riesgo de seguridad.
La decision Gubernamental de apelar ha traído una avalancha de críticas y los Chagosianos planean hacer una demostración mañana en frente de Downing Street. El Sr. Bancoult dijo que esto desacreditaba a un Gobierno que “siempre se presenta como defensor de los Derechos Humanos”. Robert Bain, Presidente (e) de la Asociación Británica de Apoyo a Chagos, expresó que era una vergüenza que el Gobierno “continue en este curso a costas de los fondos públicos y de un inmenso costo emocional para los isleños … Justicia retardada es justicia negada”.
La Baronesa Ludford, una Ministra del Parlamento Escocés (Demócrata Liberal), dijo que el Gobierno ha perdido “la oportunidad de remediar 40 años de vergüenza en Inglaterra y de traición a los Chagosianos, a través de una rápida aceptación de las decisiones legales a favor de ellos. Continuar con la testaruda y perversa insistencia en desafiar las decisiones legales y los dictados de la moral está curiosamente en contrasentido con la reciente piadosa alabanza a la libertad y a la rectitud constitucional por parte del Primer Ministro”:
El Sr. Gifford estima que la apelación costará unas £500,000 además de los £2 millones que el Gobierno ha gastado ya, y se le ha informado que no habrá decisión antes del próximo verano. Así los Chagosianos ganen, aún tendrán que convencer al Gobierno de brindar el transporte y apoyo logístico para regresar – proceso que podría tomarse uno o dos años más.
Mientras tanto, la familia Permal espera en su atiborrada casa de los suburbios de Crawley. Su salud se deteriora mientras esperan a que llegue la justicia que nunca aparece. Sus ojos se llenan de lágrimas al recordar cómo era la vida en las Chagos – pescando, cazando, atendiendo sus cultivos y sus rebaños.
“Era el paraíso,” dijo la Sra. Permal. “Éramos como aves libres. Acá es como si estuviéramos en prisión.” Reportaje escrito por Martin Fletcher y publicado por el “Times” en línea, 9 de Noviembre, 2007.